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…. decidió emprender este oneroso y complicado
viaje. En aquel periodo necesitaban dos días para cubrir aproximadamente mil
Kilometros. Esto porqué la autopista para quien proveniba de Napoles terminaba
en Padova y desde allí la carrettera era estatal, traficada por los camiones.
Por eso se tenía que avanzar con prudencia, tambíen porqué en nuestro mítico
“Fiat Millecinque” blanco sobrecargado de maletaan s y bicicletas viajábamos en
cinco personas, es decir mi padre y mi madre, mis dós hermanos y yo que tenía
solo cinco años. Por eso no se podía conducir demasiado rapido. Mi tio os
encontró un alojamiento y, en una lluviosa tarde de augusto, después haber
pernoctado
en Padova y honrado S.Antonio por la mañana, llegábamos en San Sigismondo. El
piso no se encontraba y poas personas hablaban italiano, pero mi tio os indicò
la dirección.
Fuimos alojados en el piso de una señora que
os alquiló dós habitaciónes con el uso de la cocina a la primera planta. Esta
señora, juntas a los hijos y nietos, os acogió gracias a mi tio, pero desde
entonces ha sido un crescendo de estimación y cariño recíproco y hoy la trato
como si fuera una abuela adoptiva.
Eran tiempos críticos, en el pueblo no había
mucho bienestar y también a nivel político el clima en Sudtirolo era caliente,
pero nunca teníamos problemas y en pocos días, no obstante no nos podíamos
entendernos muy bien, deveníamos como de familia.
Comíamos en una Pensión – Restaurante en la
carrettiera estatal, facilmente alcanzable andando por un hermoso sendero a
través de los campos. Hoy aquella Pensión-Restaurante no existe, pero yo me
acuerdo muy bi
en de ella, ha sido el lugar de muchos días de vacaciones y me ha visto crecer,
junto con el pueblo. Ha sido testigo de muchos juegos, peleas y amistades entre
chicos.
En los primeros años no había mucho de
organizado desde el punto de vista turístico, pero las excurciones que todos
los días hacíamos en lugare de una belleza no describible, os satisfaceban junto
a la exquisitez de produco naturales como leche, mantequilla, setas, “speck” y
muchas otras cosas que entonces comprábamos directamente en los “Masi”, donde
eran utilizadas solo por uso doméstico. Me acuerdo de que la televisión, excepto
la “cadena nacional”, no se recebía, la corriente electrica sufría de
oscilaciones que mandaban en avería los equipos eléctricos, sobre todo
cuando
llovía, ya que el pueblo era servido por una pequeña central alimentada por un
arroyo.
Las carretteras asfaltadas eran pocas y el
tren era de vapor, pero la tranquilidad y la alegría eran grandes y no nos
hacían pesar la falta de nada, no obstante de que también telefonar era dificil.
Ir de setas os obligó a comprar un equipaje
adecuado. Botas, piolet y calzoncillo tirolés de gamo, junto a jersey y sombrero
con estrella alpina entraron en nuestro cotidiano. Desde entonces han pasado
muchos años, pero cada año, sin solución de continuidad, he vuelto a San
Sigismondo, con mi familia, con parentes, amigos, mujer, y muchas han sido las
amistades que he hecho durante las vacaciones pasadas.
Desafortunadamente con el tiempo muchas de las
personas che frecuentaban San Sigismondo no puedon hacerlo hoy….pero talvéz
están ahí de todo modo. Todavía hoy vuelvo con placer para poder paras algún día
tranquilo, ver los amigos del pueblo, siempre cariñosos, y dar un saludo a mi
Abuela adoptiva.
Texto: Flavio Boccagna
Traduccion del Espanol:
Mariateresa Ingenito |